Instrucciones para leer un Libro.

 Guardamos promesas afónicas que nos gritan alto, designios gandhianos en letras de Kant (y otros comadres del palo), tertulias encuadernadas de tapa dura como piedra, verdaderas sinfonías literarias que nos arrullan el espíritu (¿a veces, el Ego?). La esperanza late ahí, empolvada entre los especiales que rara vez volteamos a ver.
 Un libro se lee desde la primer hoja, se sigue capítulo a capítulo, como un patrón de flow literario. Así nos enseñan desde la escuela. Se toma con ambas manos, y la lectura prosigue en la estoica consecución que se nos señala.
 Pero suceden curiosidades. Y las curiosidades nos guiñan curiosas apoyadas en nuestras estanterías…
 ¿Será que los libros nos leen el alma antes de leerlos? Nos esperan, como ángeles guardianes que estarán ahí cuando los necesitemos, contrariamente a la lógica aceptada, de que están ahí para cuando tengamos motivación de leerlos. A veces, sucede que se abren casi que guiados por una mano mágica, justo en la página que debemos leer. Cierto es, que los libros nos guardan mensajes, pero hay mensajes más apremiantes que otros, y casi que instintivamente, caen sorprendidamente abiertos, se manifiestan al golpe de posarlos en una mesa, o de improvisto una brisa los ayuda a iluminarnos. Entonces, brota de sus hojas el aroma de los años expectantes a este momento, que nos guía el anhelo curioso. Nos sonríen libertinas las pupilas encandiladas con los sueños desvelados, que ahora nos ofrecen estas líneas redentoras. Ahora las cejas entusiastas nos advierten expresiones olvidadas, se expanden junto a las iris dilatadas por aquellas palabras que nos penetran hasta curvar una placentera lucidez. Y ahí, volteamos hacia la esperanza, nuestra vista abraza con una espectacular panorámica, el abanico de 180 grados de posibilidades que nos aguardan traviesamente calladitas en cada libro que nos observa astutamente.

Aris Anastasia -Aris Writer- 

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